Cazador de Unicornios: por ser más alma que cuerpo menos árbol más rocio

Versículo ateo para un difunto

a Nelsón Véliz (1935 – 2010)

No fuiste ni mejor ni peor,
lo mismo que yo.

No entendiste ni más ni menos,
como yo tampoco entendí.

No hiciste falta en el vacio que dejas,
como yo dejaré espacio para el que venga.

Lo que pudo ser y no fue
lo que no alcanzamos a sanar,
todo está perdonado.

Fuimos siempre lo mismo.
Cuando acuda a la patria profunda
pasaré a decirte: ves, ahora estamos iguales

A veces, Majin Boo

A veces pienso en Majin Boo y me entristezco. No es mala persona, quizás un poco aburrido, pero eso todo. A la final todas las personas podemos llegar a ser aburridas en algún momento, no? Nada grave.

Majin Boo es más bien una buena persona, un buenón (es decir un bueno-güebon) como dirían algunas de esas gentes que son afectas a la viveza y el oportunismo y que, tristemente, abundan en Venezuela. Yo, más bien lo veo como un hombre lleno de mansedumbre.

Ahora, que eso de la mansedumbre sea una cualidad buena o mala, funcional o práctica, ya es otra cosa.

La última vez que lo vi fue hace un par de años cuando iba rumbo a mi trabajo. Ese día llegué tarde a la parada y el autobús estaba a punto de arrancar. Cuando me monté lo hallé sentado solito en el primer asiento. No sé explicar exactamente el gesto que hizo con el rostro cuando me vio. Creo que fue alivio. Alivio de ver una cara amable cuando no esperaba ninguna y de que por fin a alguien no le importara compartir el puesto.

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¿Eres poeta?

¿Eres poeta?

No lo sé. No me atrevo a escribir silencios.

El museo de los esfuerzos inútiles

El día de ayer tuve el honor de participar en la primera velada -de lo que espero sean muchas- del museo de los esfuerzos inútiles, una iniciativa que busca otorgarle a esta ciudad agónica un poco del esplendor cultural que tuvo hace años. Echarle sal y pimienta a Caracas pues.

Gracias a Marietta y sobre todo a Dianova que tuvo la gentileza de tomarme en cuenta…

Aquí dejo la selección de poemas (la mayoría reescritos, adecentados para la ocasión) que leí en la noche mencionada. Como dice Yolanda Patin: «El verso está por verse»

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De sendas celestiales y antropofagia

Chemtrials sobre el cielo de Caracas

La foto que adorna esta entrada la tomé esta semana, saliendo del trabajo. Muestra unas sendas de vapor en el cielo como las dejadas por los aviones. No son nubes ya que por estos meses del año el cielo de Caracas suele mostrarse completamente despejado, un cielo de esmalte como probablemente diria Ramos Sucre. Tampoco hay nubes tan rectas y largas. El hecho es que justo venía de leer algunas entradas y ver videos sobre el Proyecto Escudo, el HAARP y otras cosas sobre modificación climática y, aunque mi naturaleza de Cazador de Unicornios, me hace poner en duda la veracidad de todas estas informaciones, debo admitir que fue sumamente chocante ver chemtrials -sendas químicas- en mi cielo caraqueño. Me dio un vuelvo el estómago.

Aquí dejo algunos enlaces para quienes quieran saber más sobre de qué va los chemtrials. Siempre pueden buscar info por Internet sobre el Proyecto Escudo, el HAARP, modificación climática y Chemtrials. La mayoría va a provenir de blogs sobre Teorías de Conspiración.

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De inmoralidad ambiental y caradurismo pontificio

El discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió al Cuerpo Diplomático de la Santa Sede el pasado 11 de enero sobre el medio ambiente, parecía ser acertado. Si bien mencionó que la falta de una gestión responsable de los recursos naturales, la fabricación y exportación de armas, la droga, son elementos que hay que tener en cuenta al hablar sobre el deterioro del planeta y la ecología humana, su mirada se centró básicamente en África, Oriente Medio y América Latina. Una visión un poco más profunda del problema ambiental hubiera incluido a los países capitalistas del primer mundo, las corporaciones transnacionales y al sistema económico de libre mercado que vincula a ambos con el resto del mundo.

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Versos, cuentos e infantes perversos

La Sirenita, de Hans Christian Andersen, en un supremo acto de amor desinteresado, arroja al mar la daga con que debía matar a su príncipe, abandonando así la única oportunidad que tenía de regresar a la fría oscuridad del mar junto a sus hermanas. Regresar a un oscuro abismo, si, pero viva.  Su sacrificio es tan magnánimo que en vez de quedar convertida en simple espuma de mar cuando el primer rayo de sol la toca, se transforma en un espíritu puro, una hija del aire, que asciende a los cielos.

El final de la historia que propuso Disney en su versión animada es, simplemente, criminal.

Al menos de niño tuve la grandísima suerte de leer el cuento en una edición ilustrada por Arthur Rackman. La historia original y las exquisitas imágenes de Rackman son las que aún conservo en la memoria por encima de cualquier otra versión edulcorada.

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Avatar preparándonos para la guerra

Ahora sí la cosa va en serio

Muy pocas veces Venezuela ha sido objeto de interés para las productoras hollywoodenses. Raras son las ocasiones en que el nombre de nuestro país es mencionado en alguna película gringa y más extraño cuando se le asocia a algo diferente de la selva amazónica, del Roraima o del Salto Ángel. Así, el turismo sexual pareciera ir más acorde con México y Brasil, los regímenes políticos convulsos quedan en alguna parte de centroamérica, el imperio de la droga es de Colombia –por mencionar sólo algunos clichés–. Venezuela, para el ojo norteamericano, es quizás un reducto selvático, un paisaje jurásico en donde se ha detenido el desarrollo. Nuestro país está así unificado con todo el resto de la región por un matiz común de primitivismo y salvajismo, de hacinamiento e insalubridad, de delincuencia, de inseguridad, y de una ruralidad que pareciera estar enfrentada para siempre a la civilización.

La América Latina descrita por Hollywood pareciera ser más bien un rompecabezas político, económico y social cuyas piezas han sido recortadas hábilmente para ajustarse a la mentalidad de quienes se hacen llamar el primer mundo. Somos la alteridad del mundo civilizado, categoría que compartimos con Asia y el oriente medio. Un retrato positivo y/o real de nuestra realidad no puede provenir de una película hollywoodense, su fidelidad está en sustentar la imagen que de nosotros/as han creado y vendido, la perspectiva sesgada con la que han forzado su comprensión de nuestro paisaje socio-cultural y que sirve de sustento para su propia identidad geopolítica: América del Norte, el techo del mundo.

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Contigo comiendo mandarinas

La Butler sentada comiendo mandarinas
en el borde arisco del sillar de piedra.
Me acerqué y le dije: en verdad mi conciencia
es el deseo repudiado que hacia mi regresa?

Tan cierto como que por este cielo de estaño
navegan los ángeles de José Antonio Ramos…

Pero entonces mi amor, el amor que espero,
es sólo melancolía de un irresoluto duelo?

No son mis palabras. Freud las dijo.
Si no te gustan, desmientele a él y listo…

Pero no hay esperanza, en el poder que me forma,
de hallar agujeros y evadir a la norma?
No podré remover la máscara jungiana,
o acaso la tengo a la cara soldada?
Pasaré de Althusser sin dilación,
como cualquier sordo a la interpelación?
Me convertiré de nuevo en tan solo un cuerpo,
objeto sin nombre, predicado sin sujeto?

Pareces tranquila, por qué?
Me late que tu eres engendro del poder…
Comes mandarinas y no dices nada,
el mundo gira igual, y tú sentada.

Te diré la verdad: esto es un sueño,
no uno de los más brillantes, te cuento.
Burlarás la trampa, revertirás la norma,
se perderá tu conciencia en las sombras.
Devendrás objeto. Devendrás cuerpo.
Olvidarás que fuiste ayer sujeto.
Todo eso ocurrirá el mismo día
que contigo me siente a comer mandarinas!

La dureza de la pared

La gente cambia con el tiempo.

Hoy fui a hacer la cola para entrar al comedor de la universidad. Detrás mío estaban dos frikis que no dejaban de parlotear sobre glifos, dados, runas y ciertas habilidades que traduje como “mágicas”. Aventuras, riesgo y situaciones osadas… en fin, un cúmulo de esas cosas que ni ellos ni yo ni nadie vamos a experimentar en esta vida.

Como hombres que son hablaban durísimo, más alto de lo necesario. Imposible pasarles desapercibidos en una cola que no avanzaba. Así que me resigné a que tendría que escucharles por un rato. Uno de ellos, el que llevaba la conversación con más entusiasmo, tenía una voz que, si no fuese por el exagerado volumen, hubiese sido en verdad atractiva… me provocó echarle una ojeada. Ver si su rostro mejoraba lo que estaba afeado en el tono de su voz. Pero no me atreví. No sirvo para estar dando miraditas de soslayo. Lo subrepticio no va conmigo… pero más debido a una genuina falta de pericia en el disimulo que por una falta de interés en ver el rostro ajeno.

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