La Butler sentada comiendo mandarinas
en el borde arisco del sillar de piedra.
Me acerqué y le dije: en verdad mi conciencia
es el deseo repudiado que hacia mi regresa?
Tan cierto como que por este cielo de estaño
navegan los ángeles de José Antonio Ramos…
Pero entonces mi amor, el amor que espero,
es sólo melancolía de un irresoluto duelo?
No son mis palabras. Freud las dijo.
Si no te gustan, desmientele a él y listo…
Pero no hay esperanza, en el poder que me forma,
de hallar agujeros y evadir a la norma?
No podré remover la máscara jungiana,
o acaso la tengo a la cara soldada?
Pasaré de Althusser sin dilación,
como cualquier sordo a la interpelación?
Me convertiré de nuevo en tan solo un cuerpo,
objeto sin nombre, predicado sin sujeto?
Pareces tranquila, por qué?
Me late que tu eres engendro del poder…
Comes mandarinas y no dices nada,
el mundo gira igual, y tú sentada.
Te diré la verdad: esto es un sueño,
no uno de los más brillantes, te cuento.
Burlarás la trampa, revertirás la norma,
se perderá tu conciencia en las sombras.
Devendrás objeto. Devendrás cuerpo.
Olvidarás que fuiste ayer sujeto.
Todo eso ocurrirá el mismo día
que contigo me siente a comer mandarinas!