Lluvia Cuántica
A Carla
Carlihna, desde hace ya varios años, ha pretendido pintar el vacío, plasmar a través de su pincelada el pasmoso equilibrio de los absolutos dándole volumen al silencio mismo. Así fue al menos cuando la conocí.
Su talento ha devenido con los años en algo diferente, su visión ha virado de objetivo poco a poco. Creo que el éxito de su empresa ha consistido no sólo en fijar la mirada en el vació sino en colonizarlo, generar el estallido cuántico de luz y color sobre el lienzo límpido que la vacuidad primera extiende. La impresión de unas formas prístinas que sólo se reconocen a sí mismas en el momento justo en que se enuncian. Antes de Carlihna existía nada.
Su trabajo, a lo largo de estos años en Venezuela, es eso: el relato de un génesis. Es la escritura simbólica que se narra a sí misma, es un libro de vida escrito con sus propios significantes, son enunciados performativos que se van creando a sí mismos acreditando a su matriz de significados un sinfín de sensaciones diversas.
De manera que Carlihna es una usurpadora. Una transgresora de las artes visuales que coquetea impúdica con la escritura pues su obra termina siendo la más esencial de las literaturas. Son sus cuadros libros susurrantes que narran una historia cautivadora, una biblioteca que ora canta y ora murmura una sutil plegaria.
Mirar su trabajo es un factor de riesgo pues es dejarse invadir por un habla queda. Es pasearse por una narrativa súbita que cuenta su propia historia con sus propios signos.
Eso es lo que nos ofrece Carlihna, un cuento que ha surgido de la nada y ha aprendido a contarse a sí mismo.

Pretensiones literarias, reyertas políticas, convulsiones feministas y sobre todo, pulsiones homosexuales aquí, en el jardín del unicornio. ^_^