Cazador de Unicornios: por ser más alma que cuerpo menos árbol más rocio

Carta Abierta a los y las Activistas Venezolanos/as

Señoras y señores, gente toda,

¿Recuerdan a Paola? Ella es la chica lesbiana que junto a su pareja protagonizaron hace ya un tiempo lo que fue, según creo yo, la primera “besada pública” en Caracas. Si recuerdan bien ella y su novia fueron expulsadas del Centro Comercial El Recreo por tener la osadía de darse un beso frente a todo el mundo.

En aquel entonces, los activistas, en una iniciativa que me pareció acertadísima, reunieron una pequeña multitud frente al Centro Comercial y realizaron la conocida besada pública, un acto que yo traduje en: «¿No les gusta ver a homosexuales besándose en la boca? Entonces VEAN. Ahora traten de echarnos a todos si pueden.»

¿Ya la recuerdan? Pues ayer tuve la tristeza de conseguirme con ella en un evento en el Centro Cultural Chacao y la conversación que sostuvimos fue desconsoladora.

Ella me cuenta que, luego de la besada, tuvo la entrada vetada al El Recreo durante mucho tiempo y que en más de una ocasión fue escoltada hasta la salida por los vigilantes que, incluso una vez, la esperaron en la salida del baño de damas. Al parecer dejó de insistir cuando uno de los vigilantes le soltó, a modo de confidencia, que tenían una foto de ella en el centro de control y órdenes estrictas de sacarla en caso de verla.

También me dice que aún guarda el recorte de periódico donde apareció reseñada la besada pública, una nota periodística en la que, según ella, se enmascara el verdadero sentido de protesta de la acción y se sustituye por el de una «celebración» efectuada por nuestro colectivo.

Pero lo mas triste, y es algo en lo que no la puedo culpar, es que ella confiesa haberse alejado del activismo pues ahora se siente un poco insegura y abandonada.

Señores, señoras, vamos mal.

§

Les cuento.

La primera vez que escuché de la “besada pública” en apoyo a esta chica y su pareja me sentí maravillosamente bien. Yo, que como muchos y muchas de mi época, tuve que vivir la represión sexual en solitario, me podía imaginar lo maravilloso que debían sentirse este par de chicas al verse apoyadas por decenas de personas y al tener la oportunidad de participar activamente en la denuncia de la discriminación y en la protección de sus derechos como seres humanos.

Estaba equivocado.

La práctica de un activismo, que ahora juzgo de endeble,  provocó el ensañamiento en contra de la persona que en un principio dijo defender.

Lamentablemente nunca leí la nota de prensa, pero si le doy crédito a las palabras de Paola entonces debo agregar a los cargos en contra del activismo una imperdonable ingenuidad política y falta de previsión al permitir que los medios se burlaran de nosotros y nosotras invisivilizando con desfachatez lo que claramente fue un acto de protesta y denuncia sustituyéndolo por una, mucho menos conflictiva, celebración. Una nota periodística acordada quizás con los intereses de turno, que me suena más bien a publicidad y que quizás, para que más nos duela, debió haberle producido dividendos a las tiendas del Recreo el cual, lejos de toda lógica,  sigue siendo unos de los sitios preferidos de esparcimiento diurno de la comunidad gay y lesbiana venezolana, tanto así que le apodan El Gaycreo.

Abramos los ojos: el boicot contra El Recreo nunca sucedió, la movilización de la comunidad en rechazo a la homofobia fue un acto que quedó en el olvido. Lo único que se hizo ese día fue una besada pública, y así pasó a la historia.

Pero el peor crimen ha sido el asesinato de la confianza de Paola.

Allí está la muestra patente de nuestro fracaso pues ella simboliza, de forma cierta, el objetivo final de todo activismo, uno que de ninguna manera hemos alcanzado: el respeto a la diferencia por parte de la sociedad y el reconocimiento por el Estado de nuestros derechos humanos.

Si asumimos el caso de Paola como una muestra estadística significativa, como una marca relevante de los resultados de un activismo endeble, vemos que lejos de alcanzar avances importantes hemos conseguido que más se nos vulnere, más se nos invisibilize y más se nos obligue a representar el papel de caricatura tragicómica de ciudadano.

Hemos fallado miserablemente pues desatendimos nuestro único objetivo: la gente. Hemos sido incapaces de educar a la población a una escala importante, eso lo puedo entender pues las ONGs carecen de recursos, pero tampoco hemos sabido inculcar, a una escala pequeña, el pensamiento político de convicción.

Las pocas acciones públicas que han logrado movilizar, en mayor o menor medida, a la comunidad glbtti han estado caracterizadas por un discurso despolitizado y que en ocasiones ha rayado lo misógino, reproduciendo de forma imbécil el mismo patrón de conducta que nos ha oprimido desde un principio. La agenda no parece contemplar la inculcación de un sentido político, ni siquiera de forma sugerida.

Por otro lado, las alianzas que se realizan son extrañas. Ni siquiera hemos tenido tino ni buen gusto al momento de elegir a los compañeros de cama.

Cool Cafe siempre se ha negado de forma rotunda a prestar sus predios a las Tertulias de Diversidad Sexual. ¿Por qué entonces, en el panfleto del mes del orgullo, aparece Cool Cafe como uno de los patrocinantes?

Heisler Vaamonde, en más de una ocasión, se ha dirigido a Rummie Quintero y Tamara Adrían de «señores» demostrando de forma evidente su profunda transfobia. ¿Qué hace Heisler entonces protestando frente a la Fiscalía por los crímenes de odio contra las Trans de la Av. Libertador? Él mismo había desmentido esos asesinatos diciendo que no se trataban de crímenes de odio, que era un problema interno de ellas.

Luego de prohibirle la entrada a la Negra a Copa’s me he enterado que allí, el racismo no es la excepción, sino la regla, y así seguirá siendo mientras nuestras repuestas de repudio sigan siendo tan tibias como las que se elaboraron en aquella ocasión. Hoy en día no tengo ningún derecho de recriminarle a mi amiga que se haya desaparecido del mapa y que prefiera seguir con su trabajito de bajo perfil.

El viernes que viene se va a celebrar nuevamente la vigilia trans, Jonathan Matheus me dice que van los mismos cuatro pelagatos de siempre, y cómo va a ser lo contrario si la poca capacidad de convocatoria que tenemos la malgastamos en un discurso carnavalesco e insulso que en muy contadas ocasiones ha sido usado para denunciar la homofobia, lesbofobia y transfobia que está dentro de nuestra propia comunidad.

Nuestra pluma, la pluma venezolana, parece ser la que más carece de peso con respecto a toda la región latinoamericana. Nuestra pluma es de una liviandad que marca lo trivial y lo contraproducente.

Paola es un símbolo que habla muy mal de nosotros. Su caso no está aislado, lo vemos patentarse en el leve impacto que hemos logrado en las instituciones gubernamentales, se repite en la poca capacidad de convocatoria y lo vemos reflejado en la burla que hacen de nosotros comercios como El Recreo, Copa’s y Cool Cafe debido a la escasa presión que como activistas somos capaces de ejercer.

Quizás nos falta más piso teórico, una visión más seria de nuestra realidad, una actitud más recia y combativa ante la discriminación, una acción enérgica contra toda muestra de fobia y misoginia dentro y fuera de nuestros predios o un discurso volcado plenamente a lo político. Quizás una combinación de todas las anteriores o un retorno al inicio y vuelta a empezar. No sé, lo que si sé es que es momento, y siempre lo ha sido, de sopesar el trabajo hasta ahora realizado y los resultados obtenidos. ¿Hemos logrado los que nos propusimos?, y ¿Por qué no?

Sería un despropósito total el seguir trabajando con las uñas, como sé y me consta que lo hacen muchas personas involucradas con el activismo y ONGs, en persecución de un horizonte que siempre se nos va a presentar lejano y desdibujado.

Espero sinceramente equivocarme.

Ya tendremos tiempo de reflexionar luego de la Parade de Orgullo GLBT (así tal cual en inglés, como aparece en el folleto que antes mencioné).

§

La semana pasada discutimos sobre Teoría Queer en el diplomado. Las besadas públicas, hasta ese día no lo sabía, son una muestra de ese activismo que se hace llamar queer. En aquella ocasión hablé de intervenir los espacios públicos de manera más agresiva. Por qué esperar a que la homofobia se revelase para hacerle frente con una acción. Por qué no realizar besadas públicas periódicamente, sin ningún motivo aparente, salvo el de la visibilización. La reivindicación del derecho de ser y estar. Pues nadie me tomó en serio. Por el contrario, una compañera activista lesbiana, se lo tomó a broma.

Yo, la única broma pesada que veo es el activismo venezolano.

  • (sin acentos)

    Ay Javier, bienvenido a mi mundo! Ahora entiendes por que estoy donde estoy, geograficamente y en cuanto a participacion. Resulta terriblemente dificil lograr algo de manera individual, pero si el colectivo no tiene el desarrollo comunitario requerido para las acciones, lo que estamos haciendo es, simplemente, quemandonos uno a uno. Asi, como kami-kazes que, en realidad, solo estan haciendose un hara-kiri; muriendo socialmente con la frente en alto. (Cuando no morimos literalmente, como el muchacho que mataron en Anzoategui por ir agarrado de la mano con otro hombre).

    Por un momento pense en desconectarme, y dedicarme a hacer una vida centrada en metas individuales. No es mi naturaleza. Ademas, te confieso que las declaraciones de la Conferencia Episcopal son tan corrosivas que levantan hasta el mas muerto.

    Estamos mal, muy mal. Ese es el punto de partida para cualquier activismo. Reconociendo este hecho, asi, crudo y desolador, quizas, podremos encontrar maneras mas estrategicas de tener logros politicos. La verdad sea dicha, no creo que, hasta el momento, tengamos alguno de importancia. Seguimos de ultimos en la region.

    Yo sigo pensando en como encender la chispa, como aglutinarnos, como mirar en la misma direccion colectiva. Mientras ese momento llega, escribo; para hacer frente a la impotencia, por rabia, por placer y porque es cierto lo que dicen por ahi, siempre algo queda, al menos un testimonio de nuestra desgracia.

    Y al fulano Heisler, me quedaron ganas de responderle a ese correo electronico patetico que envio a las redes, ese en el que se sentia el camion de basura que ponia los desechos en su lugar (sic), es decir, donde se daba el derecho de colocar a los activistas en el lugar que, de acuerdo a el, se merecen.

    Creo que nunca voy a olvidar esa metafora tan violenta, tan "revolucionaria del siglo XXI". Y no hay nada que hacer, su nivel no da para una discusion y yo, la verdad, estoy lejos de "agarrarme por las greñas y arañar la cara" que parece que es lo mejor que puede dar de si.

    Esto es lo que hay, y nuestro reto es trabajar con eso, y conseguir una vida digna. Al menos eso creo yo.

    Un abrazo!

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