De bomberos, antropología y el mundo entrecomillado
El viernes me ocurrió algo interesante.
Eran como las seis y media de la mañana. Mientras cruzaba el puente sobre el río Guaire, camino a la universidad, escuchó que alguien me llama. Volteo, pero no distingo a nadie. Sigo caminando y escucho que me llaman una segunda vez. Vuelvo a voltear, pero sigo sin localizar de donde proviene la voz. Es entonces cuando, justo antes de darme la media vuelta, escucho que alguien grita en algún punto por debajo de mí… se trataba de un hombre, un borrachín quizás, que al parecer había perdido el equilibrio y había caído rodando por la pendiente en dirección al río.
Se me pusieron los pelos de punta por supuesto… aunque luego de analizar la situación vi, o me convencí, de que en verdad el sujeto no estaba corriendo mayor peligro. Es decir, primero, la pendiente en ese punto no es tan inclinada, si no hubiera estado tan ebrio, como asumo que el pobre hombre estaba, hubiera podido salir gateando por su propio esfuerzo. Y segundo, el río no estaba crecido. Si hubiera continuado rodando hubiera caído en la parte de cemento del embaulado del río, se hubiera golpeado eso sí, pero al menos no su hubiera ahogado.
Sin embargo, todo eso no lo sabía el señor, quien continuaba pidiendo ayuda aterrado.
Pude haberme quedado un segundo para confortarlo… pero lo único que me pasó por la cabeza en aquel momento fue ir a pedir ayuda lo más pronto posible a los bomberos de la UCV.
El puesto de bomberos queda relativamente cerca de mi escuela si lo vemos en términos “horizontales”, pero verticalmente es otra cosa pues tuve que subir hasta la cima de una colina. Creo que me tardé más de 15 minutos en llegar.
Mientras subía iba preparando lo que pensaba decir. Me imaginaba llegando con la lengua afuera, casi sin aliento y balbuceando una historia sobre un borracho a punto de caerse al Guaire. ¿Será que me pedirán mis datos? -pensé- ¿Me pedirán que los acompañe hasta el “sitio del suceso”? ¿Será que me voy a montar en un camión de bomberos… lleno de bomberos?
Confieso que la imagen me hizo sentir cosquillas en el estomago… eso fue hasta que me topé de frente con un bote de aguas servidas que me revolvió las tripas!
No obstante la hediondez me permití fantasear: ¿cuán bellos serían los bomberos con los que me tocaría hablar? La verdad es que no me hice muchas ilusiones. Luego de un desagradable incidente que tuve con un par de policías -hórridos en demasía- esa concepción agringada de ver a los hombres uniformados casi como superheroes de caricaturas se me esfumó… y momentos más tarde se confirmó cuando llegué por fin al puesto…
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La “belleza” es una “realidad” (así, entrecomillada) venezolana y es una que desde hace mucho ha amenazado con querer convertirse en parte de nuestra identidad. Pero como dijo Amodio en una de sus clases magistrales: la identidad adquirida no necesariamente tiene que coincidir con la realidad…
Por ejemplo, la gente con la que comparto el atestado vagón de metro, todos los días, está muy lejos de ese canon de belleza con el que Osmel Sousa y la Organización Miss Venezuela están acostumbrados a machacarnos anualmente. Sin embargo, nuestros rostros y cuerpos, entre los cuales me cuento, no son evidencia suficiente para desmentir el mensaje que la gigantesca maquinaria mediática lanza para tratar de convencernos, a nosotros y al resto del mundo, de que Venezuela es el país de las mujeres más hermosas del universo… y, como dirían ellos: “¡tenemos las reinas para probarlo!”
Un estamento que seduce por lo halagüeño. Discutirlo parecería una torpeza; negarlo, una necedad. Entonces, ya que el “sentido común” (o quizás debería decir el “sin-sentido común”) no me permite ponerlo en duda, al menos me abrogo el derecho a complementarlo:
“Venezuela, el país de las mujeres más hermosas del universo… a pesar de su gente fea”.
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El puesto de bomberos era, en breves palabras, una construcción avejentada, a la cual no le han hecho una reparación en años. Una confusión de rejas, puertas de vidrio y pasillos oscuros capaz de desorientar a cualquiera. Sin ningún tipo de señal o personal visible, lo único que aseguraba que era un puesto de bomberos eran los carros y la ambulancia estacionados en la acera.
Llegué hasta una puerta abierta… o mejor dicho, lo que me pareció era un marco sin puerta. La habitación adentro estaba demasiado oscura, cuando me acerque, descubrí que era un dormitorio. Una litera de dos camas surgió apenas perceptible de entre la oscuridad. Me pareció distinguir a una persona que dormía en una de ellas…
¡Que incómodo! Lo que menos hubiese querido es que me sorprendieran husmeando en las habitaciones de los bomberos.
Justo cuando me devolvía por donde había llegado me topé con un muchacho bastante desaliñado. Vestía una braga azul, chancletas de goma y cargaba una escoba en la mano. Yo, amanerado, con mis rulos peinados, perfumado y completamente acicalado, debí haberle parecido una visión de lo mas extraña en aquel lugar y a esa hora. Una especie de residuo onírico.
Como el chico tenía un gesto embobado le pregunté en el tono más áspero que pude: –¿Tú eres bombero?
Sí -me respondió el muchacho lagañoso. Y por fin comencé a contarle la historia del hombre guindando en el Guaire…
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Bomberos como los que posan para los calendarios gringos… me pregunto si serán una ilusión como la de creer que los vagones del metro estarán atestados de reinas de belleza.
Pero suficiente de hablar de la “belleza” que, a fin de cuentas, es sólo una de tantas otras categorías que no resiste un análisis académico de la realidad, al menos no en mi escuela que es la de Antropología. Me refiero a lo siguiente: ¿conocen ese pequeño gesto con los dedos usado para decir entre comillas? Bueno, no pasa ni un sólo día en que los profesores y profesoras dejen de usarlo. Y es que la antropología es una ciencia bastante antipática a ese respecto. No hay para ella un sólo discurso que supere el filtro; “Hombre”, “Evolución”, “Primitivo”, “Belleza” por ejemplo, son todas categorías importantísimas dentro del discurso hegemónico, puesto que han sido utilizadas para asignar los roles y las posiciones de poder en base a los cuales está configurado el mundo “moderno”.
Posmodernidad, es el nombre del filtro con que se nos convida a discernir la realidad que vivimos. Y es a través de ese tamiz que los discursos quedan expuestos como “realidades” cuya existencia estamos forzados a admitir -como en el caso de la diferencia sexual-, pero cuya validez y legitimidad queda, al menos, comprometida.
El entrecomillado es una forma de resaltar esas categorías que están comprometidas con la realidad, admitiendo sólo que las reconocemos y, aunque las usamos, no estamos dispuestos/as en forma alguna a convalidarlas.
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Al final no hubo paseo en ambulancia ni en coche de bomberos, y tampoco participé en un rescate ni mucho menos. Todo eso quedó en mi imaginación. Sólo me prometieron que ellos se harían cargo y que yo ya me podía ir.
(Al momento en que escribo esto, caigo en cuenta que me hubiera gustado mucho conocer el rostro del borrachín del Guaire).
No sé que habrá pasado con él. La dejadez con que conseguí la estación de bomberos y esa sensación de surrealidad (¿podría llamarla así desde que nada fue como yo me lo esperaba?) de mi encuentro con el único bombero de guardia, no auguraba nada bueno.
Si bien, con todo y la imagen tercermundista de nuestros bomberos que, tristemente, ofrezco en este relato, en contraste a la de los bomberos gringos que rescatan gatos de árboles y posan para almanaques, estoy inclinado a creer que mis bomberos hicieron lo que pudieron. No creo que tengan tan mal corazón como para no haber ido a averiguar siquiera si mi historia era cierta.
No lo sé, quisiera creer que sí, pero no quiero pecar de ingenuo.
Me niego a creer que “buen corazón” es otra de esas categoría que debamos poner entrecomillada.

Un ejemplo de esos bomberos surreales y entrecomillados
Pretensiones literarias, reyertas políticas, convulsiones feministas y sobre todo, pulsiones homosexuales aquí, en el jardín del unicornio. ^_^
Luis Enrique
9 Jun, 2010
aja y que hubiese pasado si el bombero resulta ser como de los que bajan gatos de los arboles??? de los qie posan en calendarios?? de los que te pasaban por esa cabecita un poco loca llena de rulos??? me gusto leer esto!!! por cierto el abandono a milllllll se vale que te acuerdes de una personita que vive en punto fijo la cual te aprecia mucho y le agrada leer un poco de ti aunque sea en tercera persona!!