Cazador de Unicornios: por ser más alma que cuerpo menos árbol más rocio

Matrimonio Homosexual, reinventando la historia de la iglesia

Religion is regarded by the common people as true, by the wise as false,
and by the rulers as useful.
Seneca the Younger

Hace algún tiempo realicé una traducción del discurso de apertura del profesor Boswell1 con motivo de la Cuarta Bienal de Dignidad de 1979, con el título La iglesia y el homosexual: una perspectiva histórica. Al igual que la mayor parte del trabajo de Boswell, este discurso también se basó en la relación entre la homosexualidad y la religión católica.

En aquella ocasión Boswell afirmaba que el catolicismo primitivo (anterior al siglo XII) tenía una postura sumamente tolerante, si no indiferente, ante la homosexualidad, y que la Biblia, para los primeros cristianos, no constituyó fuente de discriminación.

Establece esto diciendo que la Biblia ha sido, no solamente mal interpretada en muchos de sus pasajes (como por ejemplo aquel que cuenta la destrucción de Sodoma y Gomorra), sino también mal traducida en algunos términos claves (como la palabra griega Malakos, utilizada en épocas recientes para referirse al comportamiento homosexual, mientras que en épocas anteriores, la misma palabra, era traducida para hablar de la masturbación).

La idea principal del discurso de Boswell era que: la posición homofóbica de la iglesia católica de nuestros días se debe más a una manipulación social (a partir del siglo XIII) que a una verdadera herencia cultural. Evidencia de esto es el hecho de que nuestras ideas sobre género y elección sexual sean en la actualidad tan distintas a las de los antiguos romanos, de los cuales heredamos nuestros demás conceptos de ley, literatura, gobierno y religión.

Pero esta relación entre la homosexualidad y la religión no es nueva ni ha sido estudiada únicamente por Boswell. Menos celebré, pero igual de interesante, es el trabajo del profesor Daniel A. Helminiak2 (cuya entrada en Wikipedia, en comparación con la de Boswell, es muchísimo más corta), y quien escribió What the Bible Really Says About Homosexuality (Lo que la Biblia dice realmente acerca de la Homosexualidad).

Sin embargo, lo que ha hecho célebre a Boswell, en comparación a Helminiak, ha sido su tesis sobre la adelphopoiia, la cual es la celebración litúrgica de las uniones de personas del mismo sexo llevadas a cabo por la iglesia católica.

Literalmente la palabra adelphopoiia o adelphopoiesis, significa “creación de hermanos” y el ritual era, y aún es en algunas iglesias ortodoxas de la actualidad, utilizado para consagrar lazos de hermandad entre personas que no tienen parentesco entre sí, quedando, de tal manera, unidos como “hermanos”.

Boswell va más lejos en su interpretación de este ritual y explica que esta unión sucedía no solo entre parejas de amigos, sino también entre parejas del mismo sexo cuya relación sexo-afectiva era, aunque tácita, sobreentendida.

De esta manera, Boswell propone, aunque de manera indirecta, que tales rituales son testimonio de la celebración de matrimonios homosexuales en la antigüedad oficializados por la iglesia católica. La palabra adelphopoiia sería entonces solo un eufemismo para nombrar –y quizás también para encubrir– tales nupcias.

Y es éste argumento el eje central de su libro Same-Sex Unions in Pre-Modern Europe (traducido al español como: Las bodas de la semejanza, 1996).

Ahora bien, semejante aseveración no puede pasar desapercibida sin levantar polémica. De hecho así sucedió. Boswell enfrentó la critica luego de publicado su libro en innumerables ocasiones. Generalmente los ataques provenían de personas vinculadas con la iglesia o la religión como el caso de Richard Hays3 o desde el academicismo como el de la profesora Robin D. Young.

Actualmente existe un Sitio Web, People with a History, donde está recopilada mucha información sobre el trabajo de Boswell, incluidas las críticas de sus detractores y comentarios de sus defensores.

Reinventando la historia de la iglesia

Una de esas criticas, la que más me ha llamado la atención por su discurso moderado (en comparación a otros) y casi imparcial, ha sido el de la profesora de Teología Robin D. Young (Gay Marriage: Reimagining Church History, 1994), la cual descalifica sistemáticamente la argumentación de Boswell desconfiando de sus interpretaciones y traducciones de términos claves, acusándolo de manipular los hechos con el fin de inventar un precedente (en este caso el de matrimonios homosexuales en la antigüedad) y en definitiva poniendo en duda sus motivaciones éticas y personales al coincidir la publicación de su libro con la celebración del 25º aniversario de las protestas de Stonewall (recordemos que Boswell ya había ganado un premio Stonewall Book Award en 1981 por su libro Christianity, Social Tolerance and Homosexuality, 1980).

Young, fundamenta su crítica en la experiencia personal, como ella misma relata. Habla no desde el punto de vista de un estudioso del tema o simple observador sino más bien del de una participante en una ceremonia de “creación de hermanas”.

Según cuenta, la ceremonia de adelphopoiesis en la que participó, ocurrió de manera casual durante su peregrinación a las localidades cristianas de Turquía y el Medio Oriente. Fue “unida” como hermana en el Monasterio de San Marcos por el obispo de la iglesia ortodoxa siria. Su compañera no era otra que su colega Susan Ashbrook Harvey de la Universidad de Brown con la cual compartió parte del viaje.

Para Young está claro, desde un principio, que es bastante improbable que, una religión que promueve la devoción al reino de los cielos a través del ascetismo, pueda entonces bendecir uniones de carácter sexo-afectivo entre parejas del mismo sexo, ni en la actualidad ni en el medioevo. Y añade que el código bizantino de la época contenía fuertes castigos para las relaciones homosexuales.

Pero Young falla en explicar cómo es que siendo las relaciones entre pares heterosexuales también de carácter e intención sexo-afectiva, puedan sí ser bendecidas por esta misma ascética religión. Probablemente, quizás, debido a que estas últimas poseen una capacidad o propósito reproductivo del cual carecen las primeras.

Sin embargo, ese solo comentario no nos sirve para averiguar la postura política que Young tiene frente a la homosexualidad –que sin duda, alguna postura, debe de tener–. Sus antecedentes como profesora de teología sólo nos indican la perspectiva desde la cual lanza su crítica a Boswell. Y su discurso se muestra, en comparación con el de otros detractores, bastante más articulado.

La clave para deducir la posición política de Young quizás esté en otro de sus párrafos iniciales cuando dice: «…es comprensible que grupos que se ven a sí mismos como oprimidos quieran recuperar su autentica historia. Pero crear una historia falsa, como ha hecho Boswell en su libro (a pesar de toda su elaborada apariencia de erudición), no hace más que debilitar la causa que desean fortalecer.»4

Al parecer Young considera que la opresión de la que son objeto ciertos grupos de personas –y obviamente aquí se está refiriendo a las minorías sexuales– es un problema de “percepción”. Verse como oprimido no es necesariamente estar oprimido. Decir que, los homosexuales se ven a sí mismos como oprimidos es, desde mi punto de vista, no solamente restarle credibilidad e importancia a las motivaciones de un colectivo sino también negar una realidad patente que viven muchas personas.

Muchos de nosotros, a lo largo de la historia, hemos percibido bastante bien, y no sólo con los ojos sino con el resto del cuerpo, las señales claras de la opresión.

Pero si estamos o no oprimidos es un tema en el cual no voy a insistir.

Sin embargo Young también ha dicho una gran verdad. Aceptar una tesis como la que propone Boswell a priori y hacerla formar parte del discurso reivindicativo es, sin duda alguna, totalmente contraproducente.

Young es contundente en su crítica. No sólo desmiente a Boswell en cada uno de los capítulos de su libro sino que también pone en duda sus motivaciones. Lo acusa de manipular el material con la finalidad de montar un precedente histórico inexistente y de interpretar deliberadamente mal los términos para confundir a los lectores menos aguzados.

A continuación hago una lista de los puntos más sobresalientes de la crítica que hizo la autora a Boswell en su artículo Gay Marriage: Reimagining Church History (1994):

  • El lenguaje utilizado en los textos estudiados por Boswell no sugiere ninguna forma de relación de tipo sexual o afectiva entre los miembros participantes. Por ende la interpretación de estos rituales como matrimonios homosexuales es osada y errónea.
  • La interpretación de la palabra griega adelphos, “hermano”, como “amante homosexual” es errónea. Boswell hace la comparación con términos actuales como “dormir con” que es muy utilizado para referirse a un acto sexual. Este, sin embargo, no es el caso de la palabra “hermano” cuyo significado para los primeros cristianos era el de pertenecer a la familia de Cristo, ser uno de los hijos adoptivos de Dios.
  • El análisis del contexto socio-histórico que hace Boswell del imperio romano tardío es falso. El autor hace una selección cuidadosa de citas con la intención de demostrar que las uniones matrimoniales de la época eran menos que simples acuerdos legales. Hace ver que la homosexualidad no sólo era permitida sino que también poseía una condición legal.
  • De la misma manera, los capítulos en donde el autor estudia el cristianismo primitivo en su contexto social e histórico están llenos de falsas interpretaciones, traducciones erróneas y omisiones. No son relevantes para demostrar que los primeros cristianos aceptaron de manera natural las costumbres romanas con respecto al matrimonio y la sexualidad.
  • Boswell presenta los documentos utilizados en ritos canónicos de matrimonio junto con otros diferentes que testifican, según él, uniones legales entre personas del mismo sexo. Poner estos documentos juntos en los apéndices de su libro es tratar de demostrar que existe una relación entre ellos cuando no hay ninguna.

Al final Young culmina sancionando el libro de Boswell al decir que no logró, de ninguna manera, demostrar la tesis que propuso en un principio y que las reseñas al mismo resultaron notablemente escépticas, incluso aquellas provenientes de fuentes que se esperaban fuesen favorables.

«Ciertamente, el lastimoso esfuerzo que el autor hace de tratar de incorporar la historia cristiana en favor de la causa que él mismo sirve es no sólo erróneo sino también vergonzoso.»5

De esta manera Young concluye su discurso que, a mi parecer, aunque comenzó en un tono moderado, proveniente del academicismo y carente de celo religioso, terminó deviniendo gradualmente en un ataque, no sólo contra lo que Boswell propone, sino también contra Boswell mismo.

Conclusión

Pero dilucidar quién tiene la razón con respecto a la tesis de Boswell es un asunto para especialistas.

Si leemos a los otros autores que han criticado el trabajo de Boswell –cuya lista es bastante larga– encontraremos que sus argumentos giran en torno a lo mismo: traducciones erróneas de términos claves, interpretaciones demasiado forzadas de los ritos y motivaciones personales dudosas.

Sus defensores –que son los menos– aluden que las notas al pie de página escritas por Boswell y que muchos consideran exageradas (en Same-Sex Unions in Pre-Modern Europe hay notas al pie que ocupan más de media página), son absolutamente necesarias para construir la tesis que quiere demostrar.

Lo cierto es que, a más de veinte años de haber publicado su trabajo, Boswell parece haber perdido la contienda. Un silencio se aparca ahora donde, supuestamente, debió haber existido una batalla constante.

Sin embargo una enseñanza nos queda para los que, por un breve momento, acogimos con entusiasmo su tesis, como también para los que la miraron con bien fundamentado recelo. Y es que: no necesitamos de un pasado para exigir nuestros derechos, así como tampoco necesitamos de la aprobación de la iglesia, ni antigua ni moderna, para que se nos trate con equidad y se nos brinde justicia social. Como ciudadanos libres de un Estado laico, conscientes de la clase social que formamos… humanos, no solamente podemos, sino que debemos denunciar la discriminación y la desigualdad y pedir que no se nos omita en la repartición de los más elementales derechos.

Notas

  1. John Boswell, escritor y profesor de historia estadounidense que basó gran parte de su trabajo en la relación entre la iglesia católica y la homosexualidad. []
  2. Daniel A. Helminiak, profesor estadounidense autor de What the Bible Really says About Homosexuality []
  3. profesor norteamericano, estudioso del Nuevo Testamento, conservador, considerado –probablemente por los mismos norteamericanos– como una personalidad mundial en cuanto al NT, y que actualmente criticó de manera pública el best seller de Dan Brown, El Código Da Vinci []
  4. En el original en inglés se lee asi: “It is understandable that groups that see themselves as oppressed should want to recover their authentic history. But to create a false history, as Boswell has done in this book (despite its elaborate scholarly apparatus), is to undermine the very cause the work hopes to advance.”. N.T. []
  5. En el original en inglés se lee asi: “Indeed, the author’s painfully strained effort to recruit Christian history in support of the homosexual cause that he favors is not only a failure, but an embarrassing one.” []
  • me gusto tu imparcialidad para hablar del tema, aunque depues de todo no comparto tu idea de defender tus “derechos”, cuando el matrimonio no es algo que tiene consecuencias individuales, sino tmb colectivas, y que a mucha gente creo afecta. a mi con todo respeto no me gustaria que a mi hijo le enseñen que la homsoexualidad este bien. si alguien denuncia a un cristiano por no aceptarla luego de aprobar la ley, entonces es factible de ir a la prisión, como pasa en los paises donde ya se legalizo. saludos.

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