Cazador de Unicornios: por ser más alma que cuerpo menos árbol más rocio

La insoportable levedad del beso

El domingo 20 se llevo a cabo en el Centro Cultural La Estancia una “expresión pública de amor” por parte de varios colectivos. La intención era reclamar esos espacios, cooptados por la moral burguesa, para el disfrute de todos y todas.

Cuán efectiva o apropiada fue la actividad, no puedo decirlo puesto que no participé, sólo diré que apoyo esas expresiones públicas que tanto resquemor causan en algunos fundamentalistas, conservadores y burgueses.

Aquí unas fotos

Descripción “densa” o en busca de la tortuga atávica

Ensayo para Historia de la Antropología

La Cultura, a partir de la concepción que Edward B. Tylor hizo de ella, quedó de alguna manera incorporada dentro de las preocupaciones de la antropología, bien sea como hitos convenientemente circunscritos dentro del marco evolutivo, puestos allí para señalar diferentes estadios de progreso o bien, como un conjunto de respuestas lógicas derivadas de la organización social, necesarias para mantenerla en funcionamiento y causa primordial de la determinación de los individuos.

Sin embargo, la Cultura también ha sido en ocasiones desestimada como objeto de estudio antropológico, como cuando quedó excluida del concepto de estructura social que en su momento forjó el análisis funcional-estructuralista.

Clifford Geertz parece ser quien rescata el estudio de la Cultura dentro del ámbito antropológico otorgándole, en principio, una dimensión simbólica y proponiendo una descripción “densa” de la misma. Así, la Cultura, como un conjunto de estructuras de significación enlazadas entre sí a manera de urdimbre, vendrá a constituir un reto para el o la antropóloga quien, desde la concepción más romántica que podamos hacernos de la profesión, sería el o la encargada de revelar antiguos misterios, descifrando códigos culturales con la misma emoción de quien descifra enigmas.

Pero, ¿qué es una descripción “densa” de la cultura? Si bien la comprensión de otra cultura, que en Geertz es y será siempre incompleta, se basa en una lectura cuidadosa de lo que él percibe como signos, no debemos, por ende, ir más allá en el presente ensayo sin antes revisar lo que la misma palabra “densa” significa.

En inglés, la palabra thick, que es la utilizada por Geertz para hablar del tipo de descripción que propone, tiene al menos diez acepciones diferentes como adjetivo que, traducidas al español serían: gruesa, ancha, ronca, espesa entre otras. Sin embargo, de entre las diez se pueden escoger al menos dos que pueden dar cuenta de lo que, probablemente, Geertz entiende por descripción densa. A saber: amplia y profunda.

Así, una descripción amplia puede entenderse como aquella que busca incorporar todos los diferentes significados que un simple hecho cultural puede tener los cuales, teme Geertz, pueden ser innumerables, como en el caso de los guiños. Los problemas que surgen de las diferentes percepciones de un mismo hecho, hechas por distintos protagonistas, no solamente son la prueba de la complejidad que existe en la interpretación de esas estructuras de significación, sino también nos habla de la existencia de una entramado cultural en donde esas estructuras cohabitan y se enlazan. Así, la descripción amplia debe considerar para el estudio de la cultura todos los puntos de vista posibles: «ampliar el universo del discurso humano», como dice el mismo Geertz, para darle forma e inteligibilidad a ese contexto simbólico que es el que permite que la cultura se manifieste.

Por otro lado, usando la segunda acepción del termino “densa”, una descripción profunda de la cultura sería aquella que busca excavar hondo en busca de significados aún y cuando, advierte Geertz, el «análisis cultural es intrínsecamente incompleto». A este respecto, Geertz hace eco de la narración hindú sobre el sostén del mundo: «Ah, sahib, después de ésa son todas tortugas». Así, la búsqueda de los significados culturales nos llevaría no sólo al encuentro de conexiones cada vez más profundas y distantes sino al encuentro con la incertidumbre. Mientras más honda la descripción, mientras más afán pongamos en la excavación, más inciertas, asegura Geertz, se vuelven nuestras afirmaciones.

Sin embargo, el anhelo por conseguir una descripción profunda de la cultura también surge de la denuncia a las descripciones superficiales. Lo exótico, como la ve Geertz, no es más que la máscara impuesta a las otras culturas con que occidente se excusa de hacer un análisis exhaustivo. El enigma y el misterio con que se perciben de las costumbres diferentes al modo de vida occidental revela sólo la superficialidad de la descripción etnográfica, del análisis antropológico.

La descripción densa, amplia y profunda que propone Geertz es como él mismo admite, no más que una interpretación de segundo y hasta tercer orden, pero realizada con un compromiso con los actores. No busca tanto explicar sino comprender, removiendo de las culturas vistas como diferentes la máscara de lo exótico. Reduce el concepto “cultura” sin reducir la particularidad de un pueblo y, finalmente, pone en relieve toda una dimensión simbólica que atraviesa la estructura social condicionando nuestras creencias, comportamientos, miedos y anhelos. Quizás, el sumergirnos en la lectura de la trama cultural en la que vivimos, desentrañar su contenido como si se tratase de un libro, lejos de perdernos en persecución infinita de tortugas atávicas nos permita comprender el fino entramado social y adquirir una perspectiva diferente y desde la cual ver, entender y participar en el mundo.

¡A callar ese cuerpo rarito y malhablado!

consideraciones en torno al cuerpo femenino-transexual-desnudo como aparato discursivo, contestatario y contra-hegemónico desde una perspectiva queer1

I

En el 2008 se realizó en Caracas la 8va marcha de Orgullo LGBT. Esa fue la primera marcha a la que asistí, y de entre todas las cosas la que más recuerdo fue cómo, de entre la ríada de gente que acudió aquel día, surgía una criatura que acaparó la atención de todos y todas por un instante. Una mujer transexual, apenas cubierta por una malla negra de cuerpo entero, divina, marchaba triunfante con los senos al aire, impúdica como la esfinge de Ramos Sucre quien, en cuyo poema, habla casualmente del ordenamiento del organismo siguiendo una proporción armoniosa entre el medio y el fin.

Y surge aquí una primera reflexión. ¿Puede el cuerpo ser un medio para lograr un fin, más allá del fin predestinado por la biología? ¿Un instrumento que garantice la consecución de ciertos objetivos, objetivos diferentes, por supuesto, a los fines naturales? O pensando más allá, intervenir el propio cuerpo, cambiar la ordenación divina, no es ajustar acaso el medio, pretendiendo así que cada uno/una escoja su propio fin?

Foucault, en los anormales, lanza una línea de pesca muy, muy atrás, hacia el pasado de las prácticas de la Iglesia católica, específicamente hasta el origen de la llamada penitencia. Él busca no tanto hallar el origen de la llamada anomalía sexual, sino más bien su entrada dentro de la jurisdicción del discurso médico-psiquiátrico de comienzo de siglo XIX.

En su trabajo Foucault hace emerger de las aguas como una anadiómene, no a una Venus de formas armoniosas, sino al cuerpo abigarrado de ese “arsenal teórico” –como él mismo lo llamó– , a ese exceso de producción intelectual que engendró el Concilio de Trento, un conjunto extenso de normas e instrucciones detalladas con las cuales practicar la penitencia, de factura tan sofisticada que, aunque pensada para el vulgo en un principio, sólo pudo ser aplicada sobre los cuerpos que se hallaban más al alcance de la mano: los cuerpos de seminaristas, sacerdotes y monjas de claustro.

Aquí Foucault explica el establecimiento de lo que él denominó un “régimen discursivo sexual” que se basó en la continuidad y exhaustividad de un aparato discursivo que aún hoy en día pervive y que conocemos como “la confesión”. Por motivo de espacio no voy a extenderme en la explicación que Foucault hace sobre lo que ocurría dentro de ese ingenio tan agarofóbico que fue el confesionario. Sólo señalaré que a ellos entraban gente cuerda y salían monstruos foucaultianos: como fueron las famosas posesas y endemoniadas del convento de Loudun, en Francia.

Cuerpos sometidos durante centurias a la acción performativa de un discurso que los moldeaba a su antojo y sujetaba a un fin, a un destino. Cuerpos moldeados en un principio por la horma del cilicio, mortificados por ese camisón de pelambre voluntario que recetaba la penitencia medieval como cura de los pecados. Cuerpos, en definitiva, que una vez estuvieron bien sujetos, reprodujeron para sí mismos el discurso que los maniataba, tan asfixiantemente, que en la época ilustrada comenzaron a surgir de este mueble confesionario, cuerpos convulsionados, como peces arrancados del mar. Cuerpos que, finalmente, escaparon del claustro por obra y gracia de Dios, sólo para terminar ocupando las esquinas de las malhadadas instituciones psiquiátricas.

II

Vayamos de regreso con la mujer transexual.

La mujer se pasea con los senos al aire, es filmada, es fotografiada, y poco faltó para que le pidiesen autógrafos. Ella es la celebridad del momento. Un amigo dice en cuanto la ve: “Esooo! Ella es lo mejor de toda la marcha!”. Y yo pienso que sí. En un evento como la Marcha de Orgullo de aquel año, criticado por muchos y muchas por su alarmante falta de contenido político, la trasgresión de unos senos al aire, la impunidad del destete y desnalgue autorizado y a resguardo entre la multitud es un hecho de claras contra-posiciones políticas, ¿o no?

A diferencia de los cuerpos moldeados en sujeción, como los que mencioné anteriormente, el cuerpo trans se moldea a sí mismo –me refiero específicamente al cuerpo femenino–. Se interviene con silicona, se rebaja huesos, se ajusta la nariz, se mete hormonas, se depila con electrolisis, (al menos en el caso de las más afortunadas), todo para ajustar la forma, lo mejor posible, al género correspondiente. Pero esto conlleva implícita ciertas contradicciones.

¿Es el cuerpo de la trans una especie de tábula rasa, es ella un agente libre en verdad, como para suponer que las intervenciones que procura sobre su sí misma no son ya de por sí el resultado… el efecto residual de la acción de un poder anterior? Butler, analizando un pasaje de Hegel, explica la Dialéctica del amo y del esclavo como un juego de identidades, en donde el amo, al apropiarse del cuerpo del esclavo se apropia así de su trabajo. El esclavo reconoce su firma en las cosas que hace, y siente tristeza ante la expropiación. Reconoce también en sí mismo, la acción del amo que lo impersonifica (que lo actúa o representa usando su cuerpo). De alguna extraña manera, el cuerpo del esclavo es el cuerpo del amo y viceversa, y al final, el esclavo termina adquiriendo conciencia de esto. El esclavo, concluye Butler, con esta nueva conciencia se emancipa convirtiéndose ahora en amo de sí mismo, pero, (añade Butler en una línea final antipatiquísima) el esclavo continua siendo esclavo, pero ahora de sí mismo.

Podemos sospechar entonces que esa misma alquimia butleriana sucede en el cuerpo de la trans. ¿Es ella amo de su cuerpo y destino aún cuando la concepción binaria de los sexos, el macho, la hembra, la precede desde hace mucho? ¿Es ama y señora del rol que ella escoge, aún y cuando la definición de roles escapa a su alcance? ¿Sus tetas malhabladas, su culo contestarlo, son muestra de un discurso original o tristemente son la cadencia esperada del discurso del amo, del verdadero amo, del amo anterior, que nos emplaza a jugar los mismos roles de género, de sexualidad binaria a la que estamos acostumbrados… a la que estamos sujetos?

Para mí, el cuerpo trans femenino posee, sin embargo, un discurso valioso, en cuanto contestatario, salga o no a marchar con las tetas y el culo al aire. Es el discurso de la mujer que no envidia el pene. Es el discurso tan chocante para el patriarcado, puesto que habla de pipís cercenados (¿¡y quien, por amor al Dios patriarcal querría deshacerse de un pipí!?). Es el discurso que habla de unas tetas destinadas al placer y no a la lactancia. Que destrona de su sitio privilegiado entre las piernas al miembro viril, para entronizar en su lugar a la vagina acontecida. En fin, el cuerpo trans recita uno de esos discursos nefandos, hórridos y antipáticos que, potencia al sujeto femenino como una actora consciente del uso que da a su cuerpo y de su propio destino.

Notas

  1. Ponencia llevada a las IV Jornadas de Diversidad Sexual UCV []

El Proyecto Nacional como un acto de fe

Ensayo para Formación Social Venezolana

La separación con la República de Colombia fue, en gran medida un acto de fe. La desavenencia de la ideología liberal, que se vio así misma como entrampada dentro del proyecto Gran Colombino, fue decisiva. La desconfianza que suscitaron las propuestas integracionistas con claros matices conservadores, precipitaron la salida de las provincias venezolanas del pacto. La confianza en un proyecto nacional diferente al soñado por Bolívar vendría a orquestar el ruedo político de, prácticamente, la totalidad del siglo XIX.

Fue un acto de fe, insisto, por la clara falta de perspicacia de los líderes militares de aquel momento quienes ganaban plazas en nombre de la independencia solo para volver a perderlas momentos después, produciendo en las gentes un alarmante efecto de incertidumbre. Fue un acto de fe pues desconfiaron en la integración Gran Colombina para confiar en la propia, aún conociendo el profundo regionalismo que predominaba en las provincias. Fue confianza ciega en las leyes, tal cual exhortaba el mismo Paez en defensa de las instituciones y en la Constitución recientemente creada y, finalmente, fue un acto de fe al confiar de forma plena en las virtudes del pensamiento ilustrado como en la panacea que llegaba desde Europa a curar todos los males de una sociedad vista como atrasada y supersticiosa.

Así, la Carta Magna sería como el libro sagrado de donde se sostendrían los corazones esperanzados en un proyecto de integración nacional y los magistrados y todas aquellas personalidades ligadas al desempeño de la labor pública se constituirían en apóstoles, encargados de mantener vivo el apego a la legislación y el respeto a las instituciones.

Demasiada fe, quizás, en el desempeño de aquellas personalidades que el tiempo y las circunstancias se encargarían de revelar como pobres de espíritu, escasos de aquella fe que ellos mismos auspiciaban.

Mirla Alcibíades nos cuenta como la prensa escrita fue decisiva para destronar la confianza que, desde el imaginario público, se tenía en la actuación de los magistrados. Era común encontrar en los periódicos, artículos que manifestaban públicamente la indignación que sentían algunos conciudadanos ante las acciones de ciertos personeros públicos de quienes se esperaba un comportamiento intachable.

Poco a poco la fe en las instituciones y en la Constitución fue menguando ante la clara falta de compromiso, la manifiesta corrupción y el comportamiento descarado de aquellos en quienes el pueblo depositó su confianza para la conducción del naciente país.

Finalmente, la Constitución misma quedaría herida de muerte cuando, en el frustrado alzamiento de Monagas, el magisterio opte por una salida diplomática en vez del duro castigo ejemplarizante prescrito en la legislación.

Es en tal panorama cuando aparece el concepto de la Moral como el nuevo paradigma que conduciría a buen término el destino de la nación.

La Moral, como concepto difuso entre la ética y la virtud, acarrea dentro de sí la promesa de “orden y progreso”, el triunfo de la razón y, de nuevo, la fe en las instituciones. Europea en sus orígenes, la moral de los individuos como valor simbólico se asentó en el país en el momento mismo en que la fe en la legislación declinaba. De alguna manera, la moral se convirtió en el elemento indispensable para lograr el proyecto nacional, de forma tal que el fracaso de la Constitución se entendió como a la falta de un verdadero espíritu noble –nobleza, claro está, que sólo era posible alcanzar a través de la moral.

A esta época de compromiso moral, Carrera Damas adjunta todo un nuevo impulso progresista que, viviría su punto álgido con la llegada al poder de Antonio Guzmán Blanco. El “Ilustre Americano” no sólo convendría en usar la moral para dar alcance al proyecto patrio, sino también se esforzaría por traer el pensamiento ilustrado europeo del cual, él mismo, estaba imbuido.

Un nuevo salto de fe alzaría el vuelo. Fe, esta vez, en la razón como única vía válida para alcanzar el progreso. Una fe, vale aclarar, celosa de su templo y que buscaría desbancar a otras creencias de tradición más antigua, como lo fue la religión católica. De allí la clara y, a veces, agresiva actitud anti-clerical del guzmanto. Una actitud quizás demasiado impetuosa y que, como revelaría la historia de ese período, debió finalmente de replegarse y ceder espacios.

Tristemente, esta nueva confianza que buscaba asiento y asidero en los ecos del “moral y luces” del Libertador, era impuesta a una gente que en su mayoría seguía arrastrando las viejas penurias que les legó un pasado lleno de guerras y desaciertos políticos y económicos. El “Culto a Bolívar” vendría a disputarse con el catolicismo un espacio en el corazón desconsolado de los venezolanos, complementado, quizás, las antiguas, pero aún vigentes promesas de un Cristo caritativo y sus improbables bienaventuranzas.

El Evolucionismo de Morgan y Tylor

Morgan y el Evolucionismo

El evolucionismo darwiniano fue uno de los tres pilares fundamentales sobre los que se sustentó la antropología del mundo ilustrado. Si bien la propuesta de Darwin estaba orientada a explicar la evolución de las diferentes especies de seres vivos dentro del ámbito naturalista, su teoría sirvió también, como lo vemos en el trabajo de Morgan, para diseñar un marco científico dentro de las ciencias sociales que diese cuenta de aquellas culturas y sociedades diferentes a las que existían en el mundo civilizado.

Quizás y según Wallerstein1, este “mega-relato” en el que Morgan convirtió la Evolución de Darwin y dentro del cual se inscribían a todas las culturas y sociedades, atendía a ese requisito de empirismo que fue le fue exigido a las Ciencias Sociales desde su invención.

Así, la cultura y la sociedad quedaron unidas a la progresión evolutiva natural del “hombre” y dibujadas en un esquema temporal que las ubicaba en una secuencia de estadios que iban del Salvajismo a la Barbarie y desde allí a la Civilización.

Es fácil imaginar que a través de este marco (cuyo axioma principal es la “supervivencia del más apto”) la diferencia cultural, social e incluso racial, quedaba explicada en términos de inferioridad/superioridad, atraso/progreso y otras categorías semejantes en las que la alteridad del mundo moderno llevaba siempre la peor parte. La Civilización, representada por los países occidentales, halló en este mismo marco la teoría que justificaba y legitimaba su posición hegemónica en el mundo.

Sin embargo, es necesario resaltar que aunque los Estados Modernos hayan invertido en las Ciencias Sociales como una herramienta para comprender y luego intervenir el hecho social, muchos científicos sociales mantuvieron una genuina preocupación por las personas y sus problemas, tal como señala Wallerstein. De la misma manera, la perspectiva positivista con que era observada la sociedad no impidió a Morgan preocuparse y trabajar en pro de los derechos de algunos de los grupos sociales que había estudiado y por los que sentía cierta filiación (Iroqueses).

El Meta-Relato y el Método Comparativo

La progresión humana, para Morgan, sigue una línea recta e invariable desde el estadio de Salvajismo, pasando por el de la Barbarie hasta el de la Civilización. Los inventos y descubrimientos, por un lado, y las instituciones sociales por el otro, son lo que van a caracterizar cada estadio. Cada período étnico, como los llama él, contiene en sí el germen del siguiente, lo que quiere decir que el avance en la escala es producto de haber alcanzado ciertas condiciones de vida en el período actual.

Este esquema era universal y trataba de describir no sólo a la sociedad antigua, sino también a aquellas sociedades que aunque actuales, eran culturalmente diferentes a las sociedades modernas. Las etnias que eran distintas al mundo occidental quedaron incidentalmente identificadas con algún período étnico anterior a la Civilización, de allí que fueron consideradas como sociedades detenidas en el tiempo.

La justificación empírica de este meta-relato la consigue Morgan a través del la comparación entre las narraciones que hacían los viajeros describiendo diferentes sociedades. La presencia o ausencia de alguna o varias invenciones, descubrimientos o instituciones sociales en un grupo étnico particular comprobaba la hipótesis universal evolucionista. Esta uniformidad mundial que ve Morgan en la evolución humana parece explicarse no sólo por la similitud de las necesidades y las condiciones de vida de los seres, sino también a un rasgo netamente biológico como lo fue la similitud de los cerebros.

Por último, es importante señalar que Morgan fue considerado unos de los principales pensadores del siglo XIX. Sus teorías sirvieron de piso teórico para la configuración geo-política de los Estados Modernos y la economía basada en el capital. Un ejemplo de esto fue el sistema de dispensas tributarias que los economistas de comienzos del siglo XIX proponían: a mayor producción menor pago de impuestos, con esto se aseguraba la permanencia de las industrias más aptas mientras se eliminaba a la competencia de manera “natural”.

La lógica del Capital que impulsa a un crecimiento exponencial de la producción avanza claramente sobre la línea del esquema evolutivo: de menor a mayor grado y de forma continua. La competencia desleal y la imposición sobre otras especies, entre otras cosas, son las consecuencias lógicas de pensar al mundo como dividido por parcelas étnicas y donde la economía de Estado se funda para cumplir el mandato natural de supervivencia.

Tylor y el Evolucionismo

La obra de Tylor viene a completar el esquema evolucionista de Morgan al añadir la Cultura dentro de ese Mega-Relato donde ya estaba contenida la organización social. Así, la Cultura, vista por Tylor como todos aquellos conocimientos, creencias, costumbres y aptitudes que desarrollan los individuos como miembros de una sociedad, no sólo compartió con la organización social la trayectoria lineal de progreso, sino que también fue concebida como un fenómeno físico capaz de ser estudiada y explicada a través de los métodos de las Ciencias Naturales.

Tanto es así que Tylor va a ser el autor de las primeras relaciones estadísticas que se aplicaron sobre fenómenos culturales. Su interés en cuantificar la cultura de diferentes regiones y épocas radica en demostrar la existencia de un esquema de desarrollo común. Así, las hipótesis que puedan hacerse sobre el surgimiento de algún hecho cultural particular quedan demostradas por la simple acumulación de casos similares, en una especie de “promedio general”. Los casos donde se evidencie un desarrollo diferente quedan descartados por ser “excepcionales”.

Esta cuantificación cultural pudo promover un sesgo en la visión científica de la realidad. El Relativismo Cultural pudo ser una respuesta a esa mirada que otorgaba preeminencia a las culturas mayoritarias en detrimento de aquellos hechos culturales minoritarios.

Para Tylor básicamente la cultura es el resultado combinado entre causas de tipo natural y el pensamiento humano. Siendo que para él al igual que para Morgan, la mente humana es similar en toda la humanidad, entonces diferentes sociedades que se enfrenten a las mismas condiciones y necesidades deberían por lógica dar como resultados patrones culturales parecidos. Esta estandarización de la Cultura tenía como fin último la formulacion de leyes que explicasen tanto el pensamiento humano como las acciones.

La poca rigurosidad en la aplicación del método comparativo, que se basaba en la presunción de veracidad de los relatos que sobre otras culturas hacían los viajeros, le valió la crítica de “antropología de escritorio” a muchos de los exponentes del Evolucionismo.

Notas

  1. Abrir las ciencias sociales. Madrid : Siglo XXI Editores, 1996 []

La identidad de América Latina

Ensayo para Formación Social

¿Qué sentido tiene encontrar ahora las razones fundacionales de lo que conocemos hoy como América? ¿Qué beneficio aporta el que hoy nos ocupemos en desentrañar de la historia contada datos nuevos sobre el origen de nuestro continente? ¿Será posible que el obtener este conocimiento más que relatarnos el pasado pueda explicarnos nuestro presente y quizás también pueda proponernos nuevos destinos diferentes a aquel que desde hace más de 500 años nos emplaza en el papel de la otredad, es decir, de la alteridad del mundo conocido?

En La invención de América de O’Gorman1 el cuento del viaje colombino es una narración precisa del hecho histórico en donde no sólo el contexto político, científico y religioso es puesto sabiamente en relieve, sino sobre todo el aspecto humano. Ya no se trata de narrar el «Descubrimiento de América» per se sino también de las dificultades que aquejaron a los descubridores al momento de ajustar a la fuerza unas fronteras nuevas dentro de una vieja cartografía que no admitía, por un lado, el error de no hallarse en Asia, y por el otro, el peligro de echar por tierra una concepción centenaria del mundo, que no admitía otras alteridades a riesgo de denunciarlas como herejías.

A través de la crítica interna de los documentos de la época (cartas y mapas), O’Gorman no sólo es capaz de interpretar lo que se dice en ellos sino, más importante aún, interpretar lo que no se dice. La lectura de los silencios de Colón y Vespucio es evidencia de los contrastes epistemológicos de cada uno. Colón, a falta de una visión más amplia, se empeña en ajustar los nuevos territorios dentro de la cosmología vigente la cual, sin él saberlo, pronto entraría en crisis. Vespucio, más sabio o astuto, ve en el continente la prueba irrefutable de un nuevo mundo, pero no lo proclama, deja que el empirismo de su hallazgo haga peso por sí mismo. Así, la identidad del nuevo continente quedaría signada en un nombre, América, que enaltecería el silencio prudente de Vespucio y no el terco apriorismo de Colón.

La parte más oriental de Asia, el Nuevo Mundo, la Tierra de Gracia, la cuarta parte del mundo, y por fin, América; tal ha sido el accidentado trayecto que siguió desde sus inicios la identidad de nuestro continente. Una identidad que no se quedó estática luego de su bautizo sino que, más bien, se ha re-pensado y re-semantizado a lo largo de 500 años.

Para Uslar Pietri en su ensayo: La invención de Venezuela2, esta identidad cambiante es impuesta desde el exterior: es el ojo del descubridor, del explorador, del geógrafo y el del historiador, el que impone su juicio pues su mirada es la facultada para hacerlo; su discurso es el único que cuenta con el quorum necesario para pronunciarse ante los oídos europeos. Esto es así al menos en los primeros estadios, sin embargo, las formas subsecuentes de concerbirse a sí mismo desde lo interno, ese autoreconocimiento del individuo americano que surge luego, estarán lógicamente influenciadas por esas miradas primeras.

Pero el exterior también ha cambiado. Es ingenuo no pensar que la invención de América no haya generado en Europa una necesidad de re-pensarse a sí misma, de reflexionar sobre su papel en la nueva cartografía del mundo la cual, ella misma, ha impulsado. España, por ejemplo, en su vertigonoso impulso por el coloniaje, se nombra a sí misma como instrumento de la providencia para la evangelización de la nueva tierra. Con la aparición del nuevo mundo Europa de reinventa, y la imprevista afluencia de riquezas que llegan a caudales le permite diseñar un futuro diferente para sí misma.

Pero este nuevo proyecto europeo esta supeditado a la concepción que se tiene de América. Es por eso que el nuevo mundo debe seguir siendo ignoto, salvaje, exótico para la mente peninsular, como una manera de justificar sobre él su poder y presencia. Pero por sobre todo lo demás, debe permanecer utópico.

Tanto O’Gorman como María Concepción Bravo3, presentan a Europa, cada uno por su lado, como una región agostada y estéril para la iniciativa individual. Cercada en sí misma por un ferreo sistema social, tan excluyente como inamovible, la cuarta parte del mundo llega para representar la posibilidad para algunos peninsulares de alcanzar las metas personales, económicas y/o políticas imposibles de lograr en Europa. Es así como la identidad de América queda emparejada por mucho tiempo con la de la tierra de las oportunidades.

Todo este juego de identidades que comenzó con el periplo de Colón ha dejado una profunda huella histórica, pero no sólo sobre la identidad americana sino, así mismo, en la europea. Reconocer este acervo cultural, como propone Bravo, puede servir no sólo para comprender el origen de la identidad de los pueblos sino para fortalecer la personalidad de cada uno de ellos y «configurar su propio mundo futuro». Comprender cómo hemos llegado a ser lo que somos y a ocupar el lugar que ocupamos en el mundo puede nivelar las diferencias y horizontalizar el diálogo. El encuentro entre las dos costas separadas del Atlántico, tal como lo vislumbra la autora, debería ocurrir solamente bajo una identidad configurada de manera tal que nos permita hablar en términos de equidad.

Notas

  1. La invecnión de América, México, Fondo de Cultura Económica, 1995 []
  2. La invención de Venezuela, en Venezuela en seis ensayos []
  3. América y Europa: percepción y elaboración de una imagen, Revista Hispanoamericana de Cultura, Madrid: septiembre-octubbre de 1992 []

Todo tiempo pasado fue mejor

Ensayo para Formación Social

«Todo tiempo pasado fue mejor», tal premisa la encontramos tempranamente en la introducción de Babilonia de pecados de José Ángel Rodríguez1 y de la misma manera la hallamos entre las primeras páginas de Y tenemos de todos los reinos de Angélica Lemmos2, como si semejante pensamiento constituyera un punto de arranque ideal para disertar sobre la identidad actual del hombre y la mujer venezolanos/as.

Lo cierto es que para ambos autores está muy claro que esa mirada que insiste en describir a nuestra sociedad antepasada como henchida de virtudes, es una mirada si no estrábica, al menos miope. Esa caterva de vicios que parecen definir a nuestra actual sociedad no son frutos recientes, más bien se tratan de reminiscencias, de ecos si se quiere, de un pasado escandaloso, salvaje, en donde no faltó la licencia carnal y un anhelo desmedido por la ganancia fácil y usura. Los vicios, a mucho pesar de la mirada pudorosa, también son parte del legado que provino de allende del mar.

Los barcos que trajeron a Colón venían cargados con una cultura anciana que habría de contaminar y cambiar de forma al Nuevo Mundo. Enfermedades nunca vistas, delincuencia, violencia y oportunismo venían también repartidas entre el resto del equipaje de los tripulantes. Pero quizás la más insidiosa de toda esa carga fue el ansia imperialista de la Corona española, desesperada e irrestricta. Entre ella y la Iglesia se ocuparían luego de repartirse al mundo entre almas y territorios.

Licencias sexuales, abuso de alcohol y tabaco, holgazanería, estafas, contrabando, todos estos pecados eran comunes entre los de educación más humilde así como en las instruidas élites clericales, entre los que habían construido su riqueza y los que carecían de toda fortuna, entre los puros de origen y los individuos de casta, de manera que, el paisaje de antes de la colonia pintaba una sociedad sórdida que se debatía entre el caos de la conquista y la posterior necesidad Estatal y eclesiástica de imponer un orden que le permitieran asir un mundo que amenazaba con escaparse de sus manos.

Todo lo anterior, sin embargo, sería el preámbulo para nuevos y más variados vicios. Por ejemplo: de las apropiaciones de tierras surgió una oligarquía económica, latifundista, que tramaría en contra del mismísimo Estado acciones con la finalidad de preservar sus bienes y privilegios conquistados. Surgiría así el pecado de sedición que se fraguaría en contra la Corona y en todo su régimen político y religioso impuesto. Luego, con el establecimiento de la Colonia y la fundación de ciudades, llegaría un nuevo orden menos laxo que en los años de la conquista, pero insuficiente para extirpar los males que ya llevaban generaciones formando parte de la cultura. Poco influjo tendría incluso el Siglo de Oro español en adecentar a la sociedad venezolana.
Triste es ese espejo que Lemmos nos pone ante el rostro. Nuestra identidad venezolana parece estar compuesta de diversas fisonomías que no son nada halagadoras: son las de un Lazarillo de Tormes que se pasea por las torcidas calles de Babilonia en espera de que se presente su gran oportunidad.

Pero no se trata de apartar el espejo si no nos gusta lo que vemos reflejado en él. De la misma manera que tampoco se trata de aceptar ciegamente que nuestro pasado es nuestro destino. Se trata de conocer para cambiar, como si buscásemos identificar al mal para poder atacarlo efectivamente.

Así, debemos reconocer el racismo y la intolerancia hacia los que no comparten ni nuestra fisonomía ni nuestro nivel social (aun siendo estas diferencias más simbólicas que reales). Reconocer así mismo el oportunismo y la actitud acomodaticia en función de poder denunciarlos. Reconocer para combatir la indolencia heredada y con la que, desde los organismos públicos, suelen maltratarnos.

Los determinismos no existen. En cualquier momento podemos rechazar la identidad que se nos ha dado como herencia, si no toda, al menos parte de ella, la que no deseamos ver repetida, la que no queremos que siga persistiendo como un eco. A mi entender, siempre han existo personas que han trabajado por una sociedad más “sana”. Sana, no desde el punto de vista moral, que en mi opinión sigue siendo miope, si no desde el punto de vista humanitario. Ay que mirar al pasado, pero no con una esa perspectiva miope que ve en todo tiempo pretérito un esquema de vida mejor, más bien hay que observarlo con un ánimo crítico, sin asco ante lo que se nos pueda presentar, para descubrir en él tanto las causas fundacionales como las condiciones para un cambio.

Notas

  1. José Ángel Rodríguez, Babilonia de pecados, Caracas: Alfadil, 1998 []
  2. Angélica Lemmos, Y tenemos de todos los reinos, Caracas: Fondo Editorial Humanidades, 1986 []

Soplan aires de Rebelión dentro y fuera del Feminismo Venezolano

Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos pensantes y comprometidos pueden cambiar el mundo. De hecho, son los únicos que lo han logrado.
Margaret Mead

Por Maria Hernandez Royett

Como siempre a veces quienes cuentan las historias se les escapa pequeños detalles que hacen las grandes diferencias y es bueno que cada cual y cada quien, pueda hacerse una idea de lo que paso el dia jueves frente al Tribunal Supremo de Justicia que sin lugar a dudas constituye un hecho historico por ser la primera vez que de manera publica nos alzamos todas y todos a protestar contra el femicidio como la expresion mas atroz de la violencia contra las mujeres.

Se manifestaron por escrito a traves de dos vias: dos pronunciamientos que configuran una postura politica feminista que por supuesto por la polarizacion politica va con los ingredientes que cada quien desde su vision politica acompañada por el feminismo que ejerce tiene el derecho a expresar y la otra tambien por escrito que es la via tecnica-juridica materializada en cuatro petitorios dirigidos a las autoridades haciendo solicitud formal de la investigacion de todos los funcionarios y funcionarias asi como otras cuestiones importantes a la hora de hacer una evaluacion de gestion del sistema de proteccion de las mujeres violentadas.

Durante la efervescencia de si se llevaba uno o dos pronuniciamientos de manera callada pero segura seguiamos via facebook, twitter, blog y otro medios de tegnologia e informacion en un comando de personas opositoras, bolivarianas y otras sin afinidad politica definida rebotando y rebotando los enlaces para que las personas solo con su lectura decidiera apoyar la causa de exigir justicia por el femicidio de Yennifer Carolina Viera, un éxito de ejercicio ciudadano via internet.

Mientras en algunas redes historicas del feminismo fue ignorada esta estrategia como valida para continuar un trabajo serio y responsable sobre el femicidio en venezuela, y tan sencillo que no fueron rebotados los enlaces y un gran silencio obro en tal sentido. Afortundamente, ya quienes tenemos tiempo trabajando en las redes sociales y Tic conformamos grupos de personas respetando las tendencias personales e individuales pero que nos reune nuestra preocupacion sobre temas como la violencia contra las mujeres, derechos sexuales y reproductivos y otros que son activadas en estos casos obteniendo como resultado: 317 firmas y 200 miembros y miembras de un espacio en facebook denominado: NO + FEMICIDIOS EN VZLA!!! Y son logros tambien importantes ya que estamos en la tonica de los balances.

Pensando en voz alta, es hora de colocar las barbas en remojo sobre el ejercicio personal de una militancia politica feminista invisibilizadora, ninguneadora y descalificadora de otras expresiones que hacen vida dentro y fuera del feminismo venezolano, tan legitimas y aglutinantes que gracias a las diosas el mismo jueves quedaron en evidencia …

Un grupo de jovenes mujeres y hombres que pertenecen a distintas agrupaciones desde los comites urbanos de tierra, sexodiversidad, mujeres afrodescendientes, artistas populares que tambien con sus pancartas, puestas en escenas, bailes y canciones demostraron que la lucha de la violencia contra las mujeres es de todas y todos no es solo la bandera del feminismo, cosa que me parece bien porque ya venia de un tiempo para aca cansada de las mismas caras de siempre en las manifestaciones feministas.

Vi rostros de satisfaccion por la atmosfera respetuosa de la lucha de las mujeres y como hombres y mujeres coreaban y bailaban las consignas y canciones que la trapatiesta de siempre Maria Emilia y las gargantas de Tatiana e Indhira secundaban en la voceria de consignas alusivas a nuestros derechos que como humanas deben respetarse, con el fondo de los tambores que simbolizan nuestras raices, que conexión tan magica y singular que movilizo las energias de todas creando un clima de sororidad, por encima de nuestras diferencias.

Con fortuna organizaciones no gubernamentales debutaron trayendo sus propias pancartas: aliadas en cadena, plafam, provea, fundamujer, las Maria Moñitos, Reflejos de Venezuela y como algunas instituciones gubernamentales como el Instituto Metropolitano de la Mujer desde su Directora Ejecutiva Lilian Arvelo acompañada de la Defensora Metropolitana Aura Loreto con su tren ejecutivo en el acto, pero con mas sorpresa me emociona ver una viceministra: Nora Castañeda y una Joven Gabriela Malaguera Defensora Nacional de los Derechos Humanos de las Mujeres, mas alla del cargo publico tambien demostrando su militancia y compromiso feminista!!!

Fascinada me quede al ver, saludar y abrazar a Maestras como la Dra. Evangelina Garcia Prince, Ofelia Alvarez, Mireya Pacheco y me disculpan las que no menciono se me escapan sus nombres en este momento y espero no herir susceptibilidade ya que son mujeres que al igual que otras que no estuvieron presentes pero sin firmaron alguno de los dos comunicados representan lo mas granado y destacado del feminismo venezolano.

Pero la nota mayor fue ver una Julietica las mas chiquita que en manos de su mama Taroa Zuñiga al igual que la mayoria de jovenes que hacen vida en el espacio de la araña feminista se mantuvieron presentes, asi como, aquellas y aquellos que mantienen un liderazgo importante en organizaciones y movimientos sociales de Venezuela, que bueno saber que contamos con todas y todos ustedes.

Por ultimo a las compañeras de la araña un espacio politico feminista naciente que cuenta con miembras destacadas: Gioconda Mota, Maria Centeno, Livia Vargas, Tatiana, por la capacidad de respuesta, logistica y convocatoria mis respetos he aprendido mucho de ustedes por la transparencia, respeto y honestidad mas alla de nuestras diferencias que bueno!!!

Soplan aires de rebelion por la capacidad demostrada de movilizacion y de compromiso de diferentes organizaciones y movimientos presentes que no se cuenta en numeros de personas o firmas recolectadas, si no en las voluntades que quieren que los Derechos Humanos de las Mujeres se respeten y se obtenga sanciones ejemplarizantes para quienes los violenten.

Soplan aires de rebelion cuando una Diana Ovalles, Modaira Rubio, Holanda Castro, Masaya, Marianeglea Petrizzo, Ingrid Gomez, Laura Perez y Marietta, se dedican a twittear, bloguear, postear, tomando otros espacios del internet dandole duro al machismo cibernetico asi como todas las comunicadoras y comunicadores sociales, alternativos y comunitarios que se negaron a seguir banalizando el tema del femicidio en Venezuela y lo han sacado del saco de machistas en donde trataron de reducirlo los patriarcas opinadores y opinadoras de oficio que desde su vision sesgada todo se reduce a que las mujeres somos machistas!!!

Soplan aires de rebelion cuando se integra un equipo tecnico juridico por expertas como: Magdimar Leon, Fabiola Romero, Ofelia Alvarez, Yolima Arrellano, Maria Ysabel Cedeño, Luisana Gomez, Jessie Blanco, Gabriela Malaguera, Yurbin Aguilar y quien suscribe se sienten con las autoridades a evaluar el sistema de proteccion establecido en la Ley Organica sobre el Derecho de las Mujeres a Una Vida Libre de Violencia porque a todas y todos nos interesa que sea oportuno y eficaz y tan sencillo que el funcionario o funcionaria que no quiera deponer sus conducta y actitudes machista que vician su servicio publico dejando indefensa a mujeres hay que identificarlo, sancionarlo y sacarlo del sistema de proteccion sin importar el rango que tenga, ese es el trabajo del cual hay mucho camino que hacer y que por supuesto tenemos el compromiso de llevarlo a cabo!!!

Soplan aires de rebelion cuando no aceptamos que se cuente un aspecto que siempre dijimos que iba mas alla de los pronunciamientos politicos que son importantes y es nuestra responsabilidad hacerlo, pero a diferencia de otros contextos politicos las hoy funcionarias publicas en distintos puesto de poder de nuestras instituciones algunas se han manifestado aliadas y las primeras interesadas en investigar y sancionar a quienes dentro del sistema de proteccion no lo estan haciendo bien, que bueno es saber que nos reciben y son nuestras aliadas: asi que cada que cada quien asuma la responsailidad personal si pretende seguir ejerciendo su machismo en el servicio publico!!!

Soplan aires de rebelion que ojala hagan reflexionar a muchas de la forma como se ha venido manejando en algunos espacios un ejercicio feminista tipo cogollo que no ha permitido deponer la identificacion politico partidista en funcion de las vindicaciones y reinvindicaciones feministas!!!

Soplan aires de rebelion cuando reconocemos que lamentablemente no es Yennifer si no muchas anonimas de siempre que aun estan en riesgo de perder su vida y que debemos estar en alerta constante de permanecer en pie de lucha para orientar, acompañar y apoyar a estas mujeres en nuestros espacios cotidianos de vida!!!

Soplan aires de rebelion que si no se espabilan, con todo respeto, algunas se quedaran en las trochitas y no en el camino de lucha por los derechos humanos de las mujeres!!!

Pregúntenle a Evo

Sí, es difícil mantener el apoyo a ciertos personajes por quienes sentimos aprecio pero que no saben atender a las sutilezas del discurso.

Es difícil no porque los hayamos considerados desde un principio perfectos, pues nunca lo hacemos, más bien sucede que les otorgamos un amplísimo beneficio de la duda en la espera de que no nos decepcionen ni muy seguido ni prontamente. Es difícil porque sus discursos suelen ponernos en situaciones comprometidas ante nuestros antagonistas. Nos obligan a actuar como una suerte de traductor-malabarista reinterpretando sus palabras e inventando fórmulas menos malsonantes, pero que de precarias, amenazan con caérsenos encima.

Es una verdadera molestia tener que excusarlos, decir: “Lo que quiso decir con eso fue…” o “Quizás se estaba refiriendo a esta otra cosa…”, como si se pudiesen atajar las palabras una vez dichas diciendo nuevas palabras, o, simplemente, como si amortiguar el impacto de sus declaraciones fuese una responsabilidad que deba recaer en terceros. Cada quien es responsable de las rosas o de los sapos que brotan por su propia boca.

Si bien el rostro quechua de Evo Morales trae consigo una promesa reivindicativa para las clases desposeídas de Bolivia, eso no le vale, de forma alguna, como excusa al exponer de forma harto irreflexiva lo que él supone deben ser las causas de la homosexualidad masculina, pues precisamente de “eso” es sobre lo que él está hablando. Años recibiendo la machaca de un discurso homófobo en que se nos han adjudicado palabras como “raro”, “desviado” o “partido” nos han dado a algunos y algunas un ojo clínico para reconocer cuándo en un discurso se está hablando de homosexualidad. Esas “desviaciones” hormonales en los hombres, que ve Evo, no son disminuciones espermáticas en el semen, como algunos han “traducido”. No amigos/as, Evo está hablando de “homosexualidad” o, peor aún, está diciendo que la ingesta de pollos es la causante de la homosexualidad.

Me gusta el rostro quechua de Evo, pero no pienso darme a la tarea de re-interpretar sus palabras. Quien debe aclarar el significado e intención de su discurso es él mismo, así sea para confirmarlo o sustituirlo con uno nuevo. Que sea su opinión y no la de otros/as la que enfrente las opiniones encabritadas que él mismo levantó. Que sea él quien explique si los “desviados” en Bolivia son aquellos hombres con una cuenta baja de espermatozoides o, si como presumo, se trata de los maricones.

Quizás, luego de las aclaratorias, Evo comprenda que el discurso político, como aparato de poder, puede ser su peor enemigo cuando es soltado irreflexivamente. Que no se convierta nuestro presidente indígena en otro de esos personajes que, como Ratzinger, van de alocución en alocución, una más desafortunada que la otra, sin aprender absolutamente nada en el camino.